El diseño ha llegado para quedarse

Encuentro con Daniel Llamas

Foto de Daniel Llamas, Embajador de Innovación de OIC

¿Qué es el diseño? ¿Por qué usamos cada vez más este término en relación a la innovación?

Hay una definición oficial que acuña la World Design Organization con la que empatizo bastante y que explica el diseño como un proceso estratégico de resolución problemas que impulsa la innovación, crea negocios de éxito y conduce a una mejor calidad de vida de las personas a través de productos, servicios, sistemas y experiencias innovadoras. Esto viene del diseño industrial, mi rama de formación, pero es trasladable a muchos otros campos.

De hecho, a mí me gusta ver el diseño como un pastel que puede dividirse en cuatro porciones o dimensiones: la funcional, relacionada con la utilidad que debe tener un objeto; la estética, sobre lo que puede transmitir y comunicar; la empática, o cómo un usuario interacciona con dicho objeto para aportarle un valor; y, finalmente, la económica, que es realmente importante porque sin negocio (es decir, sin cliente) no hay diseño.

Al final el diseño implica innovar, pero muchas veces se asocia a grandes “invenciones” que cambian el mundo trascendentalmente y en realidad trata más de pequeños cambios, adaptaciones y evoluciones a partir de lo que ya existe, analizando y comprendiendo mucha información.

 

Con el fin de lograr ayudar cada vez a más empresas a innovar, ¿qué elementos destacarías de la evolución del diseño de servicios y productos en los últimos años?

Pues estamos inmersos en un nuevo cambio de paradigma. Antes el diseño industrial era necesariamente producción en masa, pero ahora se podría decir que hemos democratizado la fabricación y el diseño.

Por ejemplo, en las últimas décadas la fabricación estaba enormemente descentralizada, debido a los bajos coste de mano de obra y producción en países en vías de desarrollo. Estos países ahora están creciendo, los salarios subiendo y los costes del transporte están dejando de compensar en muchos casos. Aun así, toda la producción está muy orientada a la distribución a nivel mundial y la escalabilidad.

Por otro lado, la usabilidad y accesibilidad de las tecnologías de fabricación digital, con economías que no son de escala, han acercado la posibilidad de diseñar a un nuevo sector de la población (que eso no les convierte necesariamente en diseñadores).

Hablando desde el plano estratégico, cada vez más empresas comienzan a trabajar con metodologías de diseño integradas en todo su proceso, porque están entendiendo el retorno económico que aporta el pensamiento de diseño.

En definitiva, cada vez tenemos más recursos para la gestión y colectivización del diseño, como el open software, las plataformas “crowd”, marcos de trabajo como scrum, la realidad aumentada, el internet de las cosas… la clave reside no en “coleccionarlas” todas, sino en adoptar aquellas que necesite tu negocio e implementarlas correctamente.

 

¿Qué es lo más difícil al trabajar como autónomo con clientes en estas áreas de diseño?

El concepto de “Diseño” es algo que generalizadamente no se entiende, como puede suceder con otras profesiones más socialmente reconocibles. Esto se puede trasladar al ámbito empresarial donde continuamente existe una confusión respecto a nuestras capacidades y ámbitos de actuación (probablemente la falta de consenso entre la comunidad de diseñadores no ayuda a solucionar este problema).

Es cierto que aquellas empresas que se dedican al diseño ya tienen ese ADN incorporado y es mucho más fácil trabajar con ellas porque no lo entienden como un valor añadido puntual sino algo completamente transversal a toda la organización. En cambio, cuando te toca diseñar para una empresa de un sector ajeno a este mundo, hay que hacer una labor de “evangelización”, no sólo por la disciplina en sí, sino precisamente para conseguir ese cliente.

Lo que suele suceder con estos clientes es que no identifican el diseño como una inversión, por lo que el papel del diseñador implica un acompañamiento didáctico, explicando qué fases son necesarias, las herramientas que usaremos, etc. También sucede que hay empresas que, por pegar post-its en una pared o comprar una impresora 3D, ya proclaman que aplican “Design Thinking”, por lo que comentaba antes de la democratización del diseño; en estos casos creo que tenemos la obligación de poner en valor real la labor y el conocimiento del diseñador, con contundencia pero con humildad.

 

Para quien tenga interés en todo lo que has contado, ¿qué tipo de foros o eventos recomendarías acudir para conocer más sobre este mundo?

¡Hay muchísimos! Por centrarme en Madrid, lógicamente, los primeros que recomiendo son los que organiza la asociación AIDI, que van desde formaciones a Diseñatones de varias jornadas. Una vez al año organiza IDesignMadrid, que es la mayor cita exclusiva de diseño industrial que se celebra en Madrid.

También me encanta la enorme labor que hace Dimad, la asociación de diseñadores de Madrid, organizando infinidad de actividades en la Central de Diseño de Matadero, como puede ser la exposición Producto Fresco o las bienales iberoamericanas.

Lo bueno de Madrid es que hay eventos de todo tipo: para quienes prefieran la parte más técnica, hay varias ferias grandes sobre ingeniería en IFEMA; en el ámbito del diseño estratégico, muchas consultoras tienen eventos propios que organizan una vez al mes; finalmente, las escuelas de diseño y los espacios de emprendimiento y coworking suelen organizar charlas continuamente. Por acabar con unos ejemplos, me gustan los Design Wednesdays de BBVA, las Creative Mornings de Soulsight, los GIFs de Garaje de Ideas, las charlas de IxDA y eventos anuales como South Summit. Finalmente, para enlazar la tecnología con el emprendimiento, recomiendo los eventos mensuales de Startup Grind, donde actualmente dirijo un capítulo.

¡La lista es infinita! Con una correcta selección y planificación, me parece un punto de encuentro imprescindible para encontrar futuros colaboradores y clientes.

Daniel Llamas, diseñador industrial, de servicio y estratégico. Cofundador de la asociación AIDI (Asociación de Ingeniería en Diseño Industrial), la cual ha estado coordinando y presidiendo en sus primeros tres años y medio de vida, durante los cuales ha organizado multitud de eventos y formaciones en el ámbito del diseño, además de participar y gestionar los diferentes proyectos y equipos. Siempre ha trabajado con herramientas de design thinking y metodologías ágiles, con fuerte interés en ámbitos y conceptos como el transporte, la ciudad, el asociacionismo, el emprendimiento, la gamificación, la educación y la organización de eventos.

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